Bolaño, Naipaul, Borges (V)

14/06/2010 § Deja un comentario

El hombre más grande de Argentina no se atreve a mirar la realidad de cara. Por eso, aparte de poemas dulces y melancólicos, escribe cuentos fantásticos, narraciones abstractas, basadas en nociones de una simpleza que difícilmente puede justificar las interpretaciones metafísicas que inspiran. La de Borges es una literatura de evasión, una literatura sin vida, tan inerte como la propia realidad del país. Borges, cuando no se dedica a las chanzas filosóficas, se da a una falsificación épica del pasado argentino. “El Buenos Aires de Borges es una ciudad privada, imaginaria”, dice Naipaul, quien ya solo ve signos de decadencia por todas partes: en la bandera descolorida que pende del balcón del despacho de Borges, en los muros desconchados y las ventanas rotas de un edificio abandonado, en las oficinas del Ministerio de Trabajo. Todo ello habla de una administración bloqueada, una ciudad agonizante, un país agotado. Ahora bien, Argentina no es un gigante que se desploma, sino un sueño que se cae en pedazos. “Los antepasados militares murieron en batalla, pero esas pequeñas refriegas y esas muertes inútiles no han conducido a nada”, dice Naipaul. El pasado argentino solo es heroico en la poesía de Borges. Y ésta no es más que una reverberación de la mentalidad colectiva, del delirio de “una sociedad colonial debilitada y falsificada por sus mitos”.

“En Argentina no existe la historia”, dice Naipaul. Todo lo que hay son eventos históricos, reliquias con las que el presente ha perdido todo tipo de contacto sustancial y que han terminado revestidas de significado mitológico. La Guerra de la Independencia es un mito. El Peronismo es un mito. “En Argentina”, dice Naipaul, “la historia es menos un intento de conservar y entender que un hábito de reorganizar hechos inconvenientes”. Argentina, dice, es un país sin una idea de sí mismo, una sociedad colonial que replica de una manera grotesca y estéril “los bienes y las modas europeas”. Argentina quiere ser europea. O por lo menos no quiere ser indígena. “El terror argentino es que en otros países puedan pensar que Argentina es un país de indios.” Pero la civilización no es un producto que pueda importarse, como un auto o una tostadora eléctrica. La civilización no está en venta, dice Naipaul. Por tanto, todo lo que en Argentina proviene de la imitación conlleva una terminología de segundo grado, un arsenal de palabras que deberían escribirse entre comillas y que actúan dentro de la lengua nacional como una jerga extranjera.

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