El amor no es más que la alegría (V)

09/07/2010 § 1 comentario

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“Bist du nicht doch ein verkappter Behaviorist?”

¿Acaso soy un conductista camuflado?

Cuando su esposa falleció, el empresario E encargó un busto de ella. En adelante, además de disponer que sus sirvientes y amigos trataran al busto con la misma consideración que a la finada, él mismo hablaba con él, lo acariciaba, lo introducía de noche en su alcoba, le compraba alhajas y le dispensaba todo tipo de atenciones. El caso trascendió a la luz pública cuando lo echaron (los echaron) de un restaurante por sentar el busto a la mesa e insistir en que le sirvieran “también a ella” una copa de vino para brindar juntos por su aniversario.

¿Amaba E al busto, o sólo creía que lo amaba?

¿Sentía E amor por el busto?

Y, si lo sintiera, ¿no sería como quienes han sufrido una amputación y todavía experimentan un dolor en la extremidad perdida, un dolor que no es del todo real ni del todo imaginario?

Un lacaniano apunta: El busto era para él un mero fetiche que le hacía soportable la muerte de su esposa. En el busto prolongaba su amor por ella (aunque llevaran años durmiendo en habitaciones separadas).

Después de romper con X conozco a Y. ¿Es Y un fetiche con el que compenso la ausencia de X, en el que prolongo el amor por la primera? ¿Y de quién o de qué fue X fetiche?

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En L’amour en fuite, Antoine Doinel recoge pedazo a pedazo una foto que un desconocido acaba de romper en una cabina. Antoine reconstruye el retrato de una mujer, a la que decide buscar y de la que, naturalmente, se enamora. De hecho, es la propia búsqueda la que crea el amor, o mejor dicho, la que da al amor un medio de expresión y existencia.

El amor se afirma con gestos y acciones amorosas, como las pruebas de los cuentos. Algunos abren espacio para un gran amor, otros sólo ternura.

El enamorado noveliza. Transfigura una materia prima con la energía alucinatoria del deseo

Hace tiempo M me regaló una foto tomada en el metro de Barcelona, en la que el rostro de una joven mira a la cámara a través de una ventanilla pintarrajeada. Este rostro transitorio y hurtado al azar me acompañó mucho tiempo, y a veces fantaseaba con un encuentro imposible, poniéndome en manos del destino.

Esencia del romanticismo: la creación de situaciones novelescas, de folletines.

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