El amor no es más que la alegría (VII)

13/07/2010 § 1 comentario

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¿Y cómo sé yo si alguien me ama?

El amor debería transfigurar al amante, volviéndolo transparente para el amado.

Al contrario, la semiótica del amor es deficiente, parece destinada a la duda. El que se sospecha amado se da a una hermenéutica en la que nada es seguro, todo le confunde.

Tengo la impresión de que, cuando P nos invita a su exposición, en realidad apela a los demás como pretexto para invitarme a mí personalmente. Aunque me resisto a ceder a esta impresión egocéntrica y no le doy mayor importancia ni crédito alguno, no es ya como si no hubiera existido. Al contrario, es reavivada cuando P me llama dos horas después porque me ha visto entre los asistentes –ninguno de los otros ha ido. Incluso al ir a descolgar, se me ocurre ¿y si es ella? Antes tenía una impresión puntual sobre la que no podía construir nada, pero ahora tengo otro signo, y al unir ambos obtengo una trama. Una trama verosímil, posible, que pronto generará nuevas interpretaciones que la continúen. La trama es el punto de apoyo sobre el que alzo el equilibrio de mi fantasía. No sé si P me llamó para que me fijara en ella, pero eso es exactamente lo que ha logrado.

Meses después confieso a alguien: “Francamente, todo lo relacionado con P me resulta incomprensible.”

¿Y por qué nunca he dudado si mi perro me ama?

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La naturaleza del delirio amoroso es narrativa.

Me relato mi amor. Me creo una ficción, me obsequio una trama, un escenario que engrandece mi intimidad y la vuelve más vívida.

El ex novio de N le insiste en que vuelva. “Creo que sería un error”, me confiesa ella. Lo sería; sería un error narrativo. También los escritores que se repiten resultan aburridos. Por lo demás, en la mayoría de los amores hay tan poco talento como en la mayoría de los productos literarios.

Amo. Tomo el amor por género y mi vida por materia narrativa. De incidentes banales, sé extraer la verdad esencial que ilumine y conduzca mi existencia.

Estoy enamorado. Enamorado de mi narración, de mi romance.

Compro una novela para O. Sin yo saberlo, resulta que era su favorita. O no puede creer que yo no lo supiera. La siento palpitar a mi lado. A raíz de este episodio, se intensifica mi deseo por ella. No es que, como me pone en las mientes la gramática amorosa, O me guste más ahora –lo sucedido tiene tan poco que ver con ella como conmigo. Lo que me gusta más –lo único que ha cambiado– es la historia con O.

Debería decir: “Te amo, pero no te lo tomes como algo personal.”

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“No dirías eso si hubieras sentido amor por alguien.”

¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que tú sentiste amor por alguien?

Quiero decir, ¿a qué hora?

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