Prejuicio

27/07/2010 § 3 comentarios

Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.

Por este poema de Ernesto Cardenal, leído en una antología de poesía hispanoamericana, le cobré aversión a Juan Gelmán, decidiendo no leer en adelante ni uno más de sus poemas.

Así fue como jamás llegué a leer a Juan Gelmán, quien por lo demás no tenía nada que ver con aquel poema odioso de Ernesto Cardenal, en el que veía yo una vanidad imperdonable.

La confusión es peligro de las antologías. En muchos casos, sospecho, también inconfeso propósito.

Era entonces yo lo que se dice un moralista inflexible, ávido de prejuicios.

Me negaba a leer a García Márquez, a Bryce Echenique, a Vargas Llosa, cabecera de una lista imprecisa de impresentables literarios.

Pensaba yo en el poema de Ernesto Cardenal y me venía a la cabeza la foto de Juan Gelmán, en la que aparecía el poeta con un cigarrillo en la boca y aire chulesco.


La foto de Ernesto Cardenal también la recordaba, ésta sin aversión. Era la fotografía de un viejecillo canoso con boina negra y cara de no haber roto ningún plato.


Cierto que a Ernesto Cardenal tampoco lo leí nunca, pero no porque lo detestara sino por falta de oportunidad. La providencia me apartó de él como también del dolor, me lo sacó de en medio.

Hasta que por fin pude desarrollar un prejuicio genuino contra él, por una traducción horrible de poemas de William Carlos Williams publicados en Visor.

Leía a William Carlos Williams, a Rainer Maria Rilke,  a Giuseppe Ungaretti. Estos sí me gustaban.

Más tarde descubrí, accidentalmente, que el poema de Ernesto Cardenal que yo atribuía a Juan Gelmán y por el que lo tenía condenado era en realidad de Ernesto Cardenal. No había pues ningún motivo para no leer a Juan Gelmán.

Con todo, seguí sin leerlo.

Yo sabía que Juan Gelmán era inocente, que el culpable, por partida doble, era Ernesto Cardenal, autor de un poema detestable y pésimo traductor de William Carlos Williams. A Ernesto Cardenal no lo leería nunca.

Yo sabía que Juan Gelmán era inocente, pero ¿lo sabían mis tripas? Pensaba en el poema maldito de Ernesto Cardenal y aún me venía a las mientes la fotografía canalla de Juan Gelmán.

Así de pesado y profundo es el prejuicio.

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§ 3 respuestas a Prejuicio

  • José Luis Moreno-Ruiz dice:

    Puede que no esté mal eso de albergar algún prejuicio.
    Cuando aciertas, te da mucho gusto.
    Yo también siento una fuerte aversión por Cardenal. A Gelman le tengo simpatía, pero por causas por completo ajenas a la literatura.
    JL

  • […] de ironías, es Ernesto Cardenal quien parece atraer lectores al blog como las moscas a la […]

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