El caso del pianista R (XII)

21/08/2011 § Deja un comentario

De la travesía se conservan algunas imágenes, apenas 15 segundos.

Muestran a R en cubierta, de pie en el centro del encuadre (el cual sube y baja por efecto del oleaje), mirando al frente (a la cámara) pero con el cuerpo orientado a la izquierda, mientras que a su espalda se ve el océano Atlántico, de un azul ligeramente más oscuro que el azul espectral del cielo, y unos pilares blancos con los números 23 y (más borroso) 21 pintados de negro, y aun más al fondo otros pasajeros que miran al agua apoyados en la barandilla, aunque uno de ellos (un hombre de traje oscuro, apenas una sombra) se da la vuelta y se mueve de derecha a izquierda a cámara rápida (lo que nos hace pensar que las imágenes fueron grabadas con una cámara manual a 16 o 20 fotogramas por segundo). Después una imagen del océano, de las olas, esta vez de un azul que contrasta con la luminosa palidez de la franja de cielo que ocupa aproximadamente la sexta parte superior del cuadro (lo que nos hace pensar que la imagen fue grabada a contra luz, o para ser más exactos con la luz del sol cayendo desde la parte superior izquierda) y que, al cabo de un instante, desaparece dejando en escena sólo las olas. Después un plano medio de R caminando (con una rigidez maquinal, nerviosa, apenas disimulada) hacia la cámara, la cual a su vez gira ligera (y casi imperceptiblemente) hacia la derecha, por donde sale de cuadro el pianista (a su espalda vemos dos nuevos pilares, esta vez más próximos, ambos con el número 13, lo que nos hace pensar que esta imagen fue grabada en otra parte de la cubierta). Después, en una imagen tomada en un ligero picado (lo que nos hace pensar que fue grabada desde una posición elevada, tal vez desde la línea de camarotes del trasatlántico), vemos a un grupo de marineros (de uniforme azul marino y gorra blanca) que se mueven por cubierta, y entonces la cámara bascula hacia arriba hasta recuperar un ángulo plano y (a través de una red de jarcias) podemos ver la silueta de los edificios de New York que se recortan contra un horizonte de una blancura calcinada (lo que nos hace concluir que la imagen fue grabada a una hora tardía, cuando el sol ya empieza a verse caer tras las líneas de rascacielos de Lower Manhattan según se llega navegando por el East River). De la travesía queda sólo esa película fantasmal, quince segundos de imágenes sin sonido, de tiempo congelado, encapsulado en un silencio que (afinando el oído) en realidad no tiene nada de silencioso, sino que es más bien como la vibración del calor en un horno crematorio.

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