Francis Bacon

03/09/2011 § 2 comentarios

 

El otro día leí de casualidad dos libros en los que aparecen textos sobre Francis Bacon. En el primero, John Berger compara al pintor con Walt Disney. En las obras de ambos, argumenta Berger, se refleja el comportamiento alienado del individuo en nuestras sociedades, y cada uno de ellos de un modo diferente nos persuade de aceptarlo como un hecho incuestionable. “Disney”, dice, “consigue que el comportamiento alienado parezca gracioso y sentimental y, por lo tanto, aceptable.” Con Bacon, y esto lo digo yo, la aceptación tiene tintes menos nihilistas, aunque leyendo a Berger pudiera parecer lo contrario. Luego, al leer el principio de un nuevo libro de Kundera (que ya no recuerdo por qué empecé a leer, pues Kundera es un autor al que desde hace años veo caer en picado), me encuentro otra vez con Francis Bacon, aunque lo que más me llama la atención es la parte en la que Kundera narra un encuentro en Praga en 1972. Se había reunido, clandestinamente, con una joven que el día anterior había sido interrogada por la policía y que, al parecer, había hecho algunas revelaciones sobre Kundera que ahora deseaba confesarle para que, llegado el caso de ser también interrogado, pudiera confirmar el testimonio de ella. La joven está tan amedrentada y perturbada por el interrogatorio y la supuesta vigilancia policial a la que se cree sometida (de hecho se han venido a ver en un apartamento prestado para no levantar sospechas) que durante la conversación con Kundera se levanta con frecuencia para visitar el retrete. El miedo de la joven (el miedo es en los animales una respuesta, dice Berger en su libro, pero en el ser humano es endémico) y la escatología de la situación cada vez que la joven se ausenta para entrar en el servicio, excitan a Kundera como a un perro en celo y le dan “ganas de violarla”, de “poseerla en un segundo, con toda su mierda y su alma inefable”. Se supone que no lo hace, pero lo que me sorprende al leer estas líneas es que Kundera tenga las agallas de confesar su deseo. Es cierto que, se supone, el escritor lo reprime, pero aun así se trata de un deseo criminal y que abre de par en par una puerta a la barbarie. Es el tipo de deseo que, de haber experimentado yo, lo habría considerado inconfesable y habría terminado por ocultar. Pero, ¿he experimentado alguna vez tal tipo de deseo? No lo sé. Si lo he experimentado, yo he sido el primero en ocultármelo.

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§ 2 respuestas a Francis Bacon

  • lidia dice:

    Es verdad que con estos deseos tan descarnados de la mente humana mas que ocultarlos, trata uno de olvidarlos inconcientemente, para no asustarnos de nuestros propios pensamientos, sobre todo cuando son tan atroces.
    pienso que bacom es unpintor adorable , o mejor dicho sus pinturas me parecen un poema, a pesar de esa forma descarnada de expresarse. Me dio mucho gusto leer esto y sobre todo ver imagenes de bacom. gracias lidia

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