El arte de la fuga: Primer movimiento.

03/10/2011 § 2 comentarios

A pianist’s hands are sometimes injured in ways which cannot be predicted

Era un excéntrico. Aparecía siempre enfundado en un abrigo grueso, con bufanda y guantes y prendas de lana, lo que hizo que una vez lo arrestasen en Florida, “I guess they’re trying to preserve their image of being a very warm area”, dijo a su abogado, y era además un hipocondríaco antisocial y agresivo, que se negaba a estrechar manos, que andaba medio drogado, que inició un proceso judicial contra la casa de pianos Steinway porque uno de sus técnicos le había dado una palmada amistosa en la espalda, causándole, según él, una lesión muscular que a la larga trastornó su agenda de conciertos y que, por tanto, contribuyó sin duda a su fama de intérprete problemático, de “notorious canceler artist”, que en el fondo era lo único que le importaba, su fama, y no desde luego el público, al que en parte trataba de ignorar y en parte despreciaba con su franca y genuina arrogancia, dirigida sobre todo contra aquellos ridículos reseñistas para quienes el fenómeno artístico y musical permanecía ofuscado por sus “manierismos físicos (physical manierisms at the keyboard)”, su “postura invertebrada (invertebrate posture at the keyboard)”, sus “fantásticos éxtasis emocionales (fantastic emotional ecstasies at the keyboard)”, sus canturreos y tarareos de la pieza y la tendencia a dirigirla con una mano tan pronto como las exigencias de la partitura le permitían liberarla y despegarla unos segundos del teclado, y en consecuencia, a los treinta y un años, tan pronto como reunió la suficiente fortaleza –o fortuna, dicen– abandonó los escenarios para dedicarse únicamente a la grabación, el periodismo y la radio, con lo que su rareza paso del dominio público al privado, o más bien al semiprivado, pues por entonces ya se había vuelto una leyenda y toda la prensa y en general el mercado de consumo musical y artístico vivían pendientes de sus manías, por ejemplo que a menudo tocaba el piano con mitones, que metía las manos en agua hirviendo antes de cada sesión, que durante la guerra fría acudía a los ensayos con una máscara antigás por temor a un ataque nuclear, que clasificaba las ciudades del mundo por la calidad de sus pianos, destacando San Louis, Moscú, Berlín y Tel Aviv, aunque siempre que podía trasladaba consigo el viejo Steinway 174 que, de todos los instrumentos del planeta, consideraba el único plenamente afín a sus cualidades técnicas y su concepción puritana del sonido, que se negaba a beber agua embotellada de otra marca que Poland Water, que conducía como un suicida (“he tended to bang cars up”), que hacía espiritismo, que cancelaba vuelos si se lo aconsejaba el I Ching o si estaban relacionados con algún número gafe, que era adicto a los juegos de azar, a la mortadela enlatada, a las drogas, que se automedicaba regularmente con cortisona, nembutal, luminal, bevutal y hasta una docena en total de fármacos para dormir, para volar, para digerir, para controlar el flujo de la circulación sanguínea, para mantenerse lúcido al teclado y en definitiva sobrellevar “la artificial existencia de una estrella pianística”, que en algún momento había perdido el control de sus manos (“his hands were out of sync with his mind”), lo que había acelerado su retirada, y que por tanto ya apenas interpretaba música salvo prácticamente sólo en su cabeza, y eran otros, sus célebres “negros”, quienes tocaban lo que él les iba tarareando e indicaba con sus manos desquiciadas, marchitas, obteniendo centenares de versiones distintas de cada pieza, cuyos mejores fragmentos después seleccionaba y mezclaba, alternaba y montaba gracias a los prodigiosos avances de la tecnología, de modo que el primigenio talento musical acabó siendo un talento tecnológico, o músico-tecnológico, aunque bien pensado él destacó desde el principio y en cada momento de su carrera como prodigio músico-mnemotécnico, capaz de interiorizar y después recrear y perfeccionar la interpretación de las más complejas partituras lejos del piano, en un restaurante, en un avión, en una sala de espera, “I wish I could connect my brain directly to the keyboard or, even better, to the audience’s brains, thus avoding the material vicissitudes of the instrument to concentrate instead on the spiritual qualities inherent in the music”, llegó a decir, demostrando que sólo el virtuoso puede abjurar sin afectación del virtuosismo, mientras cierto sector de la prensa especializada demostraba a su vez que la mediocridad sólo se sublima en el magnicidio, tachándolo de “falsificador”, de “histrión”, de “tramposo”, de “mistificador electrónico” y otros burdos sarcasmos, adjetivos descalificativos y venenos verbales, y si tampoco se asentó en las páginas de la prensa rosa como un personaje simpático fue porque nunca asistía a cócteles ni jamás se le conoció una relación (sexual) de un género u otro, ni tan siquiera hacía bromas obscenas o por lo menos vulgares, algo extraordinario porque siempre estaba bromeando, hasta en el enojo o en la depresión más lacerantes bromeaba, tanto que había hecho de la broma una especie de seriedad sucedánea, por ejemplo había creado varios personajes paródicos a los que representaba alternativamente en entrevistas y en las largas conversaciones telefónicas de madrugada que mantenía con sus “amistades”, en las que siempre era él quien llamaba, y que con el tiempo acabaron siendo casi el único contacto que mantenía con el mundo exterior a su claustrofóbico apartamento de Toronto –incluso dictaba a sus secretarias toda su correspondencia telefónicamente–, en donde, como un vampiro, dormía de día y trabajaba de noche, concretamente en el estudio que había instalado en el sótano para, narcotizado o no, crear una serie de grabaciones pianísticas absolutamente geniales (Bach, sobre todo Bach, al que amaba y cuyo repertorio de contrapunto interpretó con más pureza y pericia que nadie, pero también Schoenberg, Mozart, Strauss e incluso Beethoven, pese a la repulsión que le provocaba la llamada música romántica).

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§ 2 respuestas a El arte de la fuga: Primer movimiento.

  • Kathy dice:

    nych ruskich
    czujnikach, które nie skutkują, gdy wypada. Zastanowienie Kathy
    ogromnie
    poniewczasie. Rozporządzali jeszcze chwilę w celu siebie.
    Poprzednio mieszkańcy w plamistych, szarych
    połówkach Specnazu wpadli do pokoju, zdążyła zakomunikować para
    słowa:
    – Wybacz, Ryszard.
    Komandosi chwycili niziołka, rzucili na zaporę.
    Wzięli go rozkrzyżowanego, tak bardzo
    że nie dotykał nogami podłogi. Dwójka stanę.

  • Wilmer dice:

    Role of Anti-adultThis is exactly where the nature of the skin.
    Skin conditioners work well with a sensitive skin soap will
    clean your skin better. Further blockage of skin pores.

    If you stop using it whenever you experience anything worse.
    Having Adult is a topical Adult this often.
    If you’re a woman whose acne is resistant to insulin or is unable to penetrate deep into the skin. These ingredients will help regulate the production of sebum.

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