El arte de la fuga: Segundo movimiento

08/10/2011 § Deja un comentario

An Experiment in Listening

En general, apenas practicaba

me había acostumbrado a memorizar la partitura sin el teclado

la aprendía primero completa de memoria y sólo más adelante la trasladaba al piano

de modo que lo que guardaba era una visualización interna de la música, si es que tal expresión tiene algún sentido, una impresión abstracta, no sonora, y mucho menos táctil o digital

lo que era un método kamikaze, y que de hecho lo llevó en una ocasión al borde del colapso.

Tenía que tocar el Opus 109 de Beethoven en un auditorio provinciano de Kingston

cerca de Toronto

en el salón de actos de una casa de cultura, presumiblemente abarrotado de cabezas tumefactas, con las caras enrojecidas por la pesada digestión de una cena abundante y regada de alcohol, que no aguantarían ni diez minutos antes de empezar a dormitar o, en el mejor de los casos, sucumbir a la evocación de fantasías financieras

siempre que se enfrentaba a un compromiso menor se divertía programando alguna pieza que nunca antes hubiera tocado

el Opus 109 no es una pieza de las más exigentes

el Opus 109 no es una pieza precisamente ligera

sin embargo, en la quinta variación del último movimiento hay una parte vertiginosa

una sección diatónica en intervalos de sexta, acelerada, que exige cambiar a intervalos de tercera en una fracción de segundo

la mayoría de las interpretaciones que había escuchado por entonces, incluso las de los grandes, parecían enloquecer y desbocarse al atacar la variación quinta, la cual sólo puedo calificar de “disolvente”.

Con su habitual suficiencia, se hizo con la partitura sólo dos semanas antes de la cita en Kingston

la estudié de cabeza, como de costumbre, y sólo empecé a practicar una semana antes del concierto, lo que suena suicida

lo que era suicida

pero era mi manera de hacer las cosas, siempre había dado buenos resultados, y estoy seguro de que incluso con el Opus 109 habría seguido funcionando si no hubiera cometido un error psicológico absurdo, y es que, para cerciorarme de que yo no tendría ningún problema donde tantos otros habían fracasado, algo de lo que por lo demás me sentía plenamente seguro de antemano, quise empezar por esa misma variación tan temida

la variación quinta

la que había oído pulverizar a tantos pianistas

la que había pulverizado a tantos otros pianistas experimentados

la prueba definitiva de Beethoven

un Beethoven turbio, ensordecido y sombrío, diabólicamente inspirado para arrebatar la sublimidad a los sublimes

un ejercicio desenfrenado de mecanografía pianística

que suena como el escarnio sottovoce de la muerte.

Enseguida

comprendió que esta vez sus manos no tenían ni la mínima idea de cómo realizar lo que les dictaba la cabeza

por primera vez en toda mi carrera musical veía moverse mis manos sobre las teclas como una lagartija su cola amputada: estaba bloqueado

cualquier pianista mediocre habría sabido disimularlo o, por lo menos, despacharlo chapuceramente

TAta-TAta-TAta-TAta-tataTAta—tatata-tatata-tataTA-tatata-tataTA-tataTA— quemasdá-quemasdá

pero para él era una situación tan excepcional que el problema lo obsesionó y se le enquistó tanto que sólo tres días antes del recital no podía llegar a ese punto

la variación quinta

sin frenarse en seco, literalmente petrificado por su nueva e inexplicable incapacidad pianística

todavía puedo cambiar el programa, pensé, puedo saltarme la quinta variación e incluso el movimiento entero sin el menor riesgo de que nadie se dé cuenta, incluso puedo llamar y cancelar el concierto

mas lo que hizo fue probar con el Último Recurso.

A la derecha del piano coloqué una radio; a la izquierda, un televisor

los conectó a todo volumen y se puso a tocar el último movimiento del Opus 109

sonaban tan alto que, aunque estaba tocando, no podía oírme, no oía más que la atronadora cacofonía de los aparatos, pero seguía tocando, sin oír ni pensar si oía ni que no oía lo que estaba tocando, sin pensar en nada, sólo tocaba y tocaba y me dejaba llevar como en un baile, y al llegar a la quinta variación la toqué también de corrido, sin oír el error, sin sentir el error

que parecía haber desaparecido junto con su manifestación auditiva

y la toqué ochenta, noventa, cien veces seguidas, de principio a fin, la quinta variación

sin oírla, borrada por la vociferante conspiración estereofónica de la banalidad, la delectación catastrófico-macabra y el sentimentalismo mecanizados

poseído por ella, no sólo la podía tocar, sino que llegó a parecerme que ya nunca podría dejar de tocarla, que si me detenía jamás podría volver a sentarme a tocarla, quiero decir no sin antes conectar otra vez el televisor y la radio, así que no tenía sentido sencillamente levantarme y silenciar aquellos monstruos ensordecedores que al ocultármela me la hacían posible

pienso que aquel bucle de plenitud musical inaudible fue el mayor derroche artístico de la historia

había eludido una celada inmortal con una artimaña casera, pero de nada vale, pensé, si ahora no soy capaz de superarme en astucia

con sangre fría, se dio cuenta de que, en ciertos momentos, la variación liberaba alternativamente una de sus piernas

nunca más de un segundo o segundo y medio

dos a lo sumo si prolongaba el tempo, y él era un experto en la prolongación del tempo

así que

tras haber ponderado estratégicamente la distribución de las fuerzas enemigas y la oportunidad de su ataque

derribé el televisor de una patada

rabiosa que lo acalló para siempre, y apenas dos compases después

le solté un pisotón a la radio

que hizo crujir su coraza de plástico con un último estrépito

TAta-TAta-TAta-TAta-tataTAta—tatata-tatata-tataTA-tatata-tataTA-tatata—tatata-tataTA-tatata

Moraleja: el genio se distingue por la aportación de soluciones originales

pero aún más por la creación de problemas no menos originales para ellas.

Anuncios

Etiquetado:, , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo El arte de la fuga: Segundo movimiento en Incógnito.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: